Claves de la primera vuelta – Tercera parte: Los eliminados

Estándar

Para terminar este análisis de la primera vuelta, nos falta interesarnos por los tres candidatos eliminados. El desempeño de Marta Lucía Ramírez, Clara López y Enrique Peñalosa merece nuestra atención, en primer lugar porque obtuvieron un resultado superior a las expectativas (por lo menos para las dos primeras) y en segundo lugar, por los endoses de sus caudales electorales de cara a la segunda vuelta.

Como en el caso de Juan Manuel Santos y Oscar Iván Zuluaga, buscaremos interpretar sus votaciones comparándolas primero con las de sus partidos respectivos en las legislativas de marzo, y después con las de los candidatos del mismo partido en 2010.

La extraña síntesis de Marta Lucía Ramírez

El voto de Marta Lucía Ramírez es probablemente el más difícil de interpretar en esta primera vuelta, no tanto por su resultado global, que las encuestas se habían previsto, sino por su origen territorial. Ramírez obtuvo un poco menos de 2 millones de votos, casi lo mismo que el Partido Conservador en marzo, pero se trata de votos en buena medida distintos. Basta observar los mapas de ambos para darse cuenta de las diferencias:

MLRPC

La correlación[1] entre el voto de Ramírez y el voto conservador al Senado calculada a nivel municipal es apenas de 0,27, lo que es muy bajo para un voto conservador usualmente disciplinado y territorialmente muy arraigado.

Esto significa que el voto de Ramírez no corresponde a un típico voto conservador. Desde luego, esto era de esperar dada la división del Partido y el apoyo de buena parte de la bancada azul en el Senado al Presidente Santos. La defección de muchos caciques conservadores es una primera parte de la explicación, que se hizo sentir por ejemplo en el departamento de Atlántico, tierra de Roberto Gerlein y Efraín Cepeda, donde Ramírez obtiene muchos menos votos que su partido[2].

Pero se trata de una explicación insuficiente. Ramírez también perdió votos azules en Nariño y Córdoba, donde las senadoras Myriam Paredes y Nora García supuestamente la apoyaban. En cambio, no le fue tan mal en el Huila y sobre todo en el valle de Aburrá, a pesar de la defección de Hernán Andrade y de Olga Suárez Mira hacia el Santismo.

MLR-PC

El voto de Ramírez tiene lógica propia, se hace muy fuerte en territorios conservadores tradicionales como el norte del Valle del Cauca, el eje cafetero, el centro de Antioquia, y el Norte de Santander, pero adquiere configuración propia en la cordillera oriental y los Llanos, Santander, y el Valle del Cauca, como nos indica el mapa de los porcentajes de variación entre el voto conservador al Senado y el voto de Ramírez.

A Marta Lucía Ramírez le fue bastante bien en todos estos territorios, tierras de tradición liberal, donde el Partido Conservador está poco presente. Se trata de municipios urbanos de ciudades intermedias y grandes, que comprenden Buga, Cartago, Palmira y Tuluá en el Valle; Barrancabermeja, Girón, y la misma Bucaramanga en Santander; Villavicencio en el Meta, Zipaquirá en Cundinamarca; y Honda, La Dorada, Puerto Boyacá y Puerto Salgar en el valle del Magdalena. Finalmente, Ramírez duplica la votación conservadora en Cali y Medellín y la multiplica por cuatro en Bogotá, a pesar de ser la candidata menos votada allí.

De este modo, Ramírez no logró captar todo el voto conservador, en parte porque ciertos dirigentes del Partido se fueron con Santos, pero sobre todo porque este voto no es tan fácil de movilizar para la elección presidencial (en particular, volvemos a encontrar acá el efecto de la estructuralmente débil participación costeña a la presidencial). Sin embargo, logró compensar esto gracias a la movilización del voto urbano, probablemente gracias a una campaña juiciosa, que tomó distancia de las acusaciones mutuas de los principales candidatos, y que se focalizó sobre el tema de la corrupción. Es posible también que haya obtenido un voto de opinión femenino, aunque necesitaríamos disponer de los resultados discriminados por sexo para averiguarlo.

MLR-NS

La correlación del voto de Ramírez es algo más elevada si la comparamos con el voto obtenido por Noemí Sanín en 2010 (0,45). Sanín también había tenido que sufrir la defección de parte de la bancada azul que apoyó a Santos. Sin embargo, comparativamente, podemos decir que el voto de Ramírez traduce hoy una profundización de esta ruptura entre el voto conservador presidencial y legislativo. En este sentido, Ramírez pierde terreno con respecto a Sanín en el voto conservador de Antioquia, Atlántico, Caldas y Nariño. Al contrario, crece sobre todo en el centro del país, en la cordillera oriental y el valle del Magdalena, y una vez más en las ciudades.

Por lo tanto, pensando en la segunda vuelta, podemos decir que el endose del voto de Ramírez a Zuluaga no está garantizado. Funcionará probablemente por la parte de su votación que corresponde a los conservadores tradicionales, en el Valle, el Eje Cafetero y Norte de Santander, por ejemplo, pero no necesariamente para la parte urbana “de opinión” que recibió en el centro del país.

La izquierda detrás de Clara López

El caso de Clara López es más sencillo. En este caso, López obtiene mucho más votos que su partido en marzo; de hecho, casi los cuadruplica. No obstante, la distribución territorial de estos votos conserva un patrón territorial muy similar. El coeficiente de correlación es en este caso de 0,62.

CLPDA

Existen sin embargo unas diferencias significativas. López logra resultados relativamente mejores que su partido en todo el sur del país, y en toda la costa Pacífica; donde existe tradicionalmente un voto de izquierda, o por lo menos de oposición, pero donde las estructuras organizacionales del Polo no son muy fuertes. Entre estas zonas donde López recibió un fuerte voto por fuera de su partido, se destacan también Boyacá y Huila, epicentros de los paros agrarios, donde el Polo intentó con éxito limitado capitalizar el rechazo a los TLC en las legislativas, y donde López parece lograrlo mejor.

CL-PDACL GP

La comparación de los resultados de López con los de Petro en 2010, cuando éste asumió la candidatura del Polo, es aún más instructiva. Petro tuvo en esta época un voto mucho más concentrado territorialmente que López, lo que indica que el primero generó resistencia en muchas zonas del país, que la segunda supo aplacar (en Antioquia por ejemplo). No obstante, entre las zonas donde López tuvo menos votos que Petro, se destacan toda la Costa Caribe, y el departamento de Nariño. Ahí tenemos una porción importante del electorado, que se perdió para el Polo luego de la salida de los Progresistas del partido, y que se volcó hacia las preferencias más escogidas en estas zonas: la abstención o Santos, quien había recibido el apoyo de parte de los Progresistas. No obstante, hay que notar que López conservó y aumentó el caudal de la izquierda en Bogotá.

De este modo, a pesar de las divisiones de la izquierda, López consiguió atraer buena parte de ésta a su candidatura, aun cuando Santos logró recuperar una porción de ella desde la primera vuelta. De hecho, el voto de la candidata de izquierda guarda una correlación positiva no sólo con el del Polo en marzo, sino también con el de la Alianza Verde (con un coeficiente de 0,22), que acogió a los Progresistas, Marcha Patriótica y la Unión Patriótica. Por supuesto, en este caso, el coeficiente es mucho menor que en la comparación de López con el Polo, en parte porque los verdes no eran todos de izquierda, y de hecho tenían candidato propio; en parte, porque una pequeña porción de la izquierda verde ya se había ido con Santos.

Como sabemos, el Polo decidió no apoyar a nadie en segunda vuelta, aunque López y muchos líderes del partido tomaron posición a favor de Santos. En realidad, la corriente que rechaza la adhesión a Santos se resume esencialmente a la del senador Robledo que es muy fuerte dentro de la organización del Partido. En cierto modo, la diferencia entre el voto de López y el de su partido parece indicar que la consigna oficial de no tomar parte podría tener una influencia limitada. Además, existen antecedentes que muestran que un segmento del voto de izquierda es endosable a candidatos que no son de izquierda. Ya lo hemos analizado en 2010. No obstante, habrá que ver si entre estos electores, el anti-uribismo podrá más que la impopularidad del Presidente, sobre todo porque el análisis sugiere que el voto de López fue una opción bastante popular entre los que participaron de las movilizaciones sociales en contra de la política de Santos.

El factor Peñalosa

Finalmente, Peñalosa tendrá probablemente una influencia muy limitada en estas elecciones, en parte porque su resultado fue decepcionante, y en parte porque se negó a apoyar oficialmente a algún candidato en esta segunda vuelta, a pesar de que casi toda la Alianza Verde estaba inclinada a votar Santos. Sin embargo, Peñalosa obtuvo un porcentaje importante del voto de las ciudades grandes (16% en Bogotá, 12% en Cali, y entre 5 y 10% en la mayor parte de las capitales de departamento), que puede llegar a tener un papel.

EPAV

La correlación entre el voto de Peñalosa y el de la Alianza Verde es apenas de 0,34, y además, es de cierto modo “inflada” por el hecho de que ambos tienen un voto muy concentrado, es decir, existe una enorme cantidad de municipios rurales donde ni Peñalosa, ni la Alianza Verde logran votos significativos.

En realidad, el sentido de la comparación es muy claro: el voto verde es una mezcla de voto urbano, de voto de izquierda tradicional (en Barrancabermeja, Uribe en el Meta, Arauca), y de algunas regiones como la Amazonía, Boyacá, Casanare, Cauca y Nariño. De esta mezcla, Peñalosa sólo conserva y amplifica mucho el voto de las ciudades, y sobre todo de las más grandes. Eso explica también que su voto guarde una correlación mayor con el voto de Mockus en la primera vuelta de 2010 (0,39) que con su partido, en la medida en que Mockus también tenía un voto claramente urbano, carácter que Peñalosa radicaliza.

El voto de Peñalosa es por lo tanto un voto urbano “independiente”, por naturaleza muy volátil, y difícilmente previsible.

Como conclusión de este análisis, y pensando en la segunda vuelta, podemos decir que los endoses no van a ser automáticos. Zuluaga y Santos se repartieron buena parte del voto rural más fácil de atraer, pero Ramírez, López y Peñalosa tuvieron todos un voto con mayor carácter urbano. Las campañas que se hicieron entre las dos vueltas, los debates, los apoyos simbólicos recibidos de parte y parte, son susceptibles de tener grandes efectos en este electorado.


 

[1] Recordemos que el coeficiente de correlación de Pearson que utilizamos acá evalúa hasta qué punto dos variables se distribuyen de forma similar en el territorio. Un Pearson de 1 significaría que las dos variables se distribuyen de forma rigurosamente similar, un Pearson de 0 significaría que las dos variables tienen distribuciones totalmente distintas, y un Pearson de -1 significaría que las distribuciones son rigurosamente inversas (como pasaría, por ejemplo, al comparar la votación de dos candidatos que se enfrentan en segunda vuelta, aunque el voto en blanco no deja que haya resultados completamente inversos).

[2] Sin embargo, Santos también obtuvo menos votos que la Unidad Nacional en Atlántico, a pesar del apoyo de estos dos senadores conservadores.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *