Patrones departamentales de comportamiento electoral: el caso del Senado

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Luego de las recientes elecciones, ha sido muy sonado en los medios de comunicación el hecho de que los departamentos de la Costa Caribe concentran la mayor parte de senadores electos; algo que se ha considerado problemático, porque al ser el Senado una corporación electa en circunscripción nacional [1] existe la opinión de que todas las regiones del país deberían estar proporcionalmente representadas allí.

Esta opinión es errónea, dado que para ese tipo de representación regional proporcional existe la Cámara de Representantes, elegida en circunscripciones departamentales, mientras que al Senado deben llegar, en principio, representantes de intereses de carácter nacional, sin importar de qué parte del país provengan. En todo caso, esta desproporción regional ha sido motivo de crítica por parte de sectores políticos que alegan que en este hecho se reflejan claramente dinámicas electorales fraudulentas. No obstante, antes de emitir juicios sobre la distribución regionalmente desproporcionada de los senadores electos, vale la pena entender por qué se pueden llegar a presentar este tipo de diferencias regionales en los resultados, observando, no el lugar de origen de los electos, sino el comportamiento de los ciudadanos. Al fin y al cabo, dado que en principio todos los candidatos pueden recibir votos en todo el país, no siempre es fácil atribuir un candidato electo a un departamento en particular. Un análisis departamental del comportamiento de los electores puede sugerir la existencia de culturas electorales diversas.

En este sentido, este estudio observa cómo el potencial de votantes (o censo electoral) de cada departamento del país se distribuyó, luego de las pasadas elecciones al Senado, entre aquellas personas que votaron, tanto en circunscripción nacional como indígena, por algún candidato o partido, aquellas que votaron en blanco, las que anularon su voto, quienes depositaron el tarjetón sin marcarlo y, finalmente, quienes se abstuvieron de votar.

La siguiente gráfica muestra esta distribución. El 100% equivale a la cantidad de personas inscritas en el censo electoral del departamento, y los colores muestran cómo se distribuyó ese 100% en las pasadas elecciones al Senado, organizando a los departamentos, de izquierda a derecha, de los que más votos por candidatos emitieron hasta los que menos. En medio de la gráfica se encuentran los valores calculados a nivel nacional.

Gráfica Tipos de votación 2014

Votos por candidatos

Evidentemente, la Costa Caribe concentra los departamentos con mayor proporción de votos a favor de candidatos con respecto a su potencial electoral. Mientras que a nivel nacional, el 34,84% del potencial electoral del país votó a favor de algún candidato, sólo en Sucre lo hizo el 56,8% del potencial departamental, en Córdoba el 52,89% y en Atlántico el 43,86%. No obstante, también se destaca muy por encima de este nivel nacional el departamento de Nariño, donde el 43,57% del potencial electoral le dio su voto a un candidato. Esto es llamativo por tratarse de un departamento andino y del sur del país, muy distante de los mencionados casos del Caribe. Además, es interesante que el 46% de los votos en este departamento, según el preconteo, se disputó entre los dos partidos tradicionales del país; algo que contrasta con el éxito de partidos más nuevos como el de la U y Opción Ciudadana en el Caribe. Inclusive departamentos como Casanare (40,34%) y Guaviare (40,37%) se encuentran llamativamente por encima del ponderado nacional de votos por candidatos, con una alta votación, en el primer caso, para el Centro Democrático (26,4% según el preconteo) y la Alianza Verde (23,62%), y para el Centro Democrático y la U en el segundo.

El siguiente mapa permite apreciar la distribución geográfica de esta alta proporción de votos por candidatos frente al potencial electoral, expresando esta proporción, no sólo a escala departamental, sino también municipal [2].

Votos por candidatos-potencial 2014

A escala municipal se corrobora lo que refleja la gráfica, y además se vislumbran otras zonas de alta votación por candidatos, que no alcanzan a verse a escala departamental, como por ejemplo parte del piedemonte llanero de Meta (zona de alta votación, igualmente, para la U y para el Centro Democrático), o el norte de la Cordillera Oriental, entre Santander y Norte de Santander (una zona de alta influencia de los partidos tradicionales).

Este patrón de alta participación en diversas regiones es de resaltar, puesto que puede ser, en buena medida, un reflejo del interés por parte de políticos y electores regionales por buscar una representatividad de peso a nivel nacional a través de una corporación como el Senado de la República. En otras palabras, la desproporción en la distribución regional de la votación (y por extensión, en el origen de los candidatos electos) al Senado puede estar relacionada con la ubicación geográfica de las regiones (el Caribe, el extremo sur o norte de la región Andina, el piedemonte llanero), que están alejadas en relación con los centros de poder nacional (concentrados en el centro de la región Andina); y no sólo ser un reflejo de casos de clientelismo, como lo han querido hacer ver los críticos que se fijan en este tipo de resultado electoral sólo en el Caribe.

Otro reflejo de esto es, en contraparte, lo llamativamente baja que es la votación por candidatos al Senado en las regiones centrales del país, como se aprecia en la gráfica. Excepción hecha de los poco habitados departamentos de Caquetá y San Andrés, es de resaltar lo muy por debajo del nivel nacional de votos por candidatos (34,84%) que se encuentran los departamentos de Antioquia (29,85%), Valle del Cauca (29,71%) y el Distrito Capital (26,69%), los más habitados del país junto con Atlántico. Inclusive departamentos cercanos a los centros de poder nacional como Cundinamarca (32,67%) y Boyacá (33,94%) se encuentran bien por debajo de este ponderado nacional de votación al Senado, corroborando esta hipótesis de culturas electorales distintas según la región.

Por último, es útil mostrar que esta distribución desigual de la votación no es necesariamente algo excepcional de este año, sino que hace referencia a la profundización de tendencias vividas durante las últimas elecciones al Senado, como lo muestra la siguiente gráfica de los casos extremos:

Gráfica tipos de votación 2006-2010-2014

Es visible cómo los cuatro departamentos con mayor votación por candidatos al Senado profundizan en el 2014 una tendencia de alta votación frente al centro del país y al promedio nacional que ya estaba presente hace ocho años. Además, al comparar con los resultados a nivel nacional de las últimas tres elecciones, es visible que el descenso de la abstención es una tendencia que en promedio cubre a todo el país, y no sólo un hecho excepcional en estos casos departamentales extremos. Así mismo, es interesante ver el marcado descenso de este índice de votación por candidatos en Bogotá, algo seguramente relacionado con los “votos huérfanos” existentes en esta elección.

Votos en blanco

La primera gráfica, sobre todos los departamentos en el 2014, también es diciente sobre otros patrones de comportamiento electoral reflejados en otros tipos de votación. Por ejemplo, es bastante visible que algunos departamentos se destacan por su relativamente alto porcentaje de votación en blanco, con respecto al resto del país. A nivel nacional, el 2,78% del potencial electoral votó en blanco. Sin embargo, en la gráfica se destacan visibles excepciones donde una gran porción del potencial de electores de un departamento en particular votó en blanco, como es el caso, en su orden, de Boyacá (5,17%), Cundinamarca (4,33%), Bogotá (4,07%), Risaralda (3,9%) y Santander (3,66%); los cinco departamentos con más alta votación en blanco frente a su potencial electoral.

Como lo señaló Yann Basset, lo llamativo de estos resultados es que, aparte del departamento cafetero, los demás componen unas de las regiones más golpeadas por el paro agrario experimentado el año pasado, un dato importante si se considera que esta alta votación en blanco es un patrón de comportamiento electoral novedoso en estas elecciones, en contraste con cuatro años atrás, cuando el peso del voto en blanco en general fue menor en el país.

Los siguientes mapas permiten comparar qué porcentaje de los votos válidos de cada municipio fueron emitidos en blanco en las elecciones al Senado de 2010 y de 2014 [3]:

Votos blancos 2010Votos blancos 2014

Como se puede apreciar en los mapas, indudablemente el 2014 experimentó un aumento en la importancia del voto en blanco, especialmente en la región Andina, y muy marcadamente en la Cordillera Oriental. De forma más localizada, este aumento también es visible en grandes ciudades, como Cali y Medellín. Este patrón de comportamiento electoral, característico de 2014 en estas zonas densamente pobladas, ayuda a explicar igualmente la desproporción en la representación regional del Senado de 2014. En especial, si se observa el escaso aumento del voto en blanco en sólo algunos municipios de la región Caribe y de Nariño, e incluso su disminución en Casanare.

Votos nulos y tarjetones no marcados

Por último, la gráfica inicial de distribución del potencial electoral entre todos los departamentos refleja otros patrones de comportamiento electoral que vale la pena resaltar. Por una parte, es importante señalar la relativamente alta proporción de votos nulos. A nivel nacional, el 4,56% del potencial de ciudadanos que puede votar participa en las elecciones pero anula su voto. Este es un hecho lamentable, en tanto que representa un fracaso en el funcionamiento del mecanismo electoral. Este porcentaje puede representar la incomprensión de los votantes frente al mecanismo y el consecuente malogro del voto, o también puede expresar la inconformidad de los votantes con las opciones existentes, en cuyo caso es preocupante la medida, claramente visible en la gráfica, en la que los votos nulos superan el porcentaje de votos en blanco (cuya razón de ser es precisamente expresar esa inconformidad), algo que sucede en todos los casos excepto en Guainía, Vaupés y Boyacá.

También, la gráfica permite ver un patrón de comportamiento electoral llamativo a propósito de los tarjetones no marcados. A nivel nacional, el 2,59% del potencial electoral son ciudadanos que participan en las elecciones al Senado y depositan el tarjetón sin marcar ninguna opción. Es, así mismo, un hecho lamentable, por razones similares a los votos nulos. Sin embargo, es llamativo que los porcentajes más altos de este tipo de voto se concentren en los departamentos amazónicos y del Orinoco profundo, a saber, Guainía, donde el 14,48% del censo electoral participa en la elección al Senado sin marcar opción alguna, Vaupés (12,29%), Vichada (10,01%), Amazonas (7,58%) y Guaviare (6,61%). Es igualmente alta la proporción de tarjetones no marcados en San Andrés, donde alcanzan el 5,15% del potencial electoral.

El siguiente mapa muestra qué porcentaje del censo electoral de cada municipio vota depositando sin marcar el tarjetón al Senado:

No Marcados-potencial 2014

Además de los mencionados casos, el mapa muestra otras regiones donde se concentran municipios con elevados niveles de tarjetones no marcados, como es el caso del noroccidente y el suroriente chocoano, o de las tierras altas al norte de la frontera entre Boyacá y Casanare.

Todos estos casos contrastan con el nivel desproporcionalmente bajo de este tipo de voto en Bogotá, donde los tarjetones no marcados apenas alcanzan un 0,83% del potencial, algo llamativo si se considera el tamaño de la circunscripción [4]. Esta enorme diferencia estadística puede ser el reflejo de grandes divergencias tanto en términos de representatividad como en términos de pedagogía electoral. El inusitado nivel de tarjetones no marcados en las zonas más alejadas de los centros políticos del país (tanto en la Amazonía y la Orinoquía, como en el Pacífico, en el Caribe insular e incluso en los páramos de la región Andina), que son también las más incomunicadas y despobladas, puede entenderse como el posible reflejo de varias cosas. Podría mostrar una falta de comprensión del proceso, pero más probablemente refleja el interés de los ciudadanos de estas regiones por participar en las elecciones, aunque orientados a la contienda por la Cámara de Representantes (donde la elección de candidatos de la región es segura). La reducida población de estas regiones hace que no haya candidatos locales con opción de llegar al Senado sólo haciendo campaña en su región, y dado que alcanzar estas zonas alejadas es más costoso para la campaña de los candidatos de otros lugares, una buena proporción de los electores no desarrolla preferencia por algún candidato a esta corporación, así que al ir a votar por la Cámara de Representantes, recibe y deposita sin marcar el tarjetón al Senado. Ese conjunto de factores puede explicar los resultados tan contrastantes con zonas ‘centrales’, como la capital del país.

 

En conclusión, al observar los distintos patrones de comportamiento electoral de los departamentos del país, es evidente la complejidad y la diversidad de factores que influyen, de forma diferente en el caso de cada región, sobre las dinámicas electorales de una corporación de circunscripción nacional.

La gran cantidad de senadores electos en el Caribe coincide con una tendencia de departamentos periféricos (frente a los centros nacionales del poder ubicados en las cordilleras), pero con población numerosa, a desarrollar una cultura electoral regionalista, que las élites políticas locales pueden estar interesadas en explotar en las elecciones al Senado como medio para poder influir las instituciones centrales del poder; algo que no sucedería en el ‘centro’ del país por existir allí otras vías de acceso a estas instancias políticas (de allí su baja participación en estas elecciones). Esto se evidencia tanto en el Caribe, como al sur y al nororiente de la región Andina, y en el piedemonte llanero. También sucede en Guaviare, lo cual es excepcional pues contrasta con el caso del vecino Caquetá (donde los votos por candidatos y la participación son proporcionalmente muy bajos), y aun más con la Orinoquía y la Amazonía más profundas y despobladas, donde en cambio se refleja una participación electoral activa pero inconforme e inadaptada frente a la oferta de las elecciones al Senado.

En el caso de San Andrés, hay tanto inconformidad con la oferta de candidatos (por el elevado nivel de tarjetones no marcados), como baja participación electoral (es el cuarto departamento con mayor abstención de su potencial electoral en la votación al Senado).

Por su parte, la región Andina más central participa proporcionalmente menos en este tipo de votación que el resto del país. Algo presente tanto en Valle, como en Antioquia y la cordillera oriental desde Cundinamarca hasta Santander, visible desde las elecciones al Senado anteriores, pero que en estos últimos departamentos se combina con el ascenso significativo del voto en blanco.

En el contexto de unas elecciones marcadas por un promedio de abstención que alcanza el 55,2% del potencial de votantes, y con una distribución de la participación tan diversa, es claro que los resultados del proceso electoral dependen de factores mucho más complejos y estructurales que la supuesta tendencia al fraude de los políticos de una u otra región del país.

 

Notas:

[1] Vale la pena recordar la existencia de dos curules elegidas en la circunscripción especial para los pueblos indígenas, adicionales a las 100 curules elegidas en circunscripción nacional.

[2] La gráfica está hecha con base en los resultados de las actas de escrutinio (o sea, los resultados definitivos), mientras que el mapa está realizado con los datos del preconteo (hasta el momento, más fáciles de recopilar a nivel municipal que las actas de escrutinio).

[3] Para estas últimas se parte de los datos del preconteo.

[4] Bogotá tiene un potencial electoral de 5’188.174 personas, y en las últimas elecciones al Senado emitió 1’860.903 votos en total.

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