Grandes ausentes, votos huérfanos y baldíos electorales al Senado.

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En cada elección legislativa, deploramos la falta de renovación de la oferta política al constatar que la gran mayoría de los congresistas aspiran a un nuevo mandato. Tal es la preocupación que algunas propuestas se hacen oír incluso para limitar el número de mandatos de los congresistas.

No obstante, el diagnóstico puede ser algo exagerado. Si comparamos las actuales listas de candidatos al Senado con los electos en 2010, constatamos que un buen tercio de estos últimos no se presenta a reelección este año. Se trata de una proporción nada desdeñable, sobre todo si nos fijamos en que estos “grandes ausentes” de 2014, representan 40% de los votos sumados por las 20 mayores votaciones individuales de 2010.

Entre las razones que llevaron a varios de los congresistas actuales a dar un paso al costado, además de las clásicas aspiraciones a otras funciones y los problemas judiciales, podemos distinguir una novedad: Muchos congresistas no volverán a aspirar porque ya no se sienten a gusto en el partido por el cual fueron electos en 2010, y no pudieron ser candidatos para otra formación en 2014 porque hubieran incurrido en doble militancia. Es el caso de varios congresistas de los partidos de la Unidad Nacional que se sienten cercanos al uribismo, como Juan Lozano, Liliana Rendón o Juan Carlos Vélez, y también de buena parte de la bancada electa en 2010 por el Polo Democrático Alternativo, de la cual muchos se identifican hoy con las tendencias que dejaron sucesivamente el partido. Es un elemento que sea dicho de paso, desmiente las opiniones que deniegan cualquier protagonismo a los partidos políticos en las elecciones colombianas.

Dado el peso de las opciones de voto institucional, que por naturaleza, volverán a ser presentes en 2014 (voto blanco, voto por una lista sin uso del voto preferente), son finalmente un 20% de los votos válidos de 2010 que no podrán emitirse a favor de la misma opción individual en 2014, porque el candidato por voto preferente que se marcó en 2010 no se vuelve a presentar. Los llamamos en este estudio “votos huérfanos”.

Por supuesto, algunos de los grandes ausentes dejaron heredero en la persona de un familiar o cercano, sin embargo, estas estrategias de transferencia de votos no son tan fáciles como se suele pensar, y son aparentemente no tan frecuentes como en 2010. Podrá en todo caso ser objeto de un informe de análisis posterior a las elecciones.

Mientras tanto, puede resultar interesante analizar cuales partidos y cuales regiones se verán afectados por las defecciones. Por razones de espacio, nos limitaremos a un análisis del Senado.

partido

% de “votos huérfanos”

PV

45,8

PSUN

31,5

PIN

31,1

PDA

30,7

CR

18,2

PL

15,1

PC

8,9

 

A nivel de partido, el Partido Verde es de lejos el partido más afectado. El fallecimiento de Gilma Jiménez, una de las senadoras más votadas en el país, y que “haló” la lista verde en 2010,  significó una pérdida importante para el partido, a la cual se suma la decisión de John Sudarsky de buscar la candidatura presidencial del partido. Con eso, cerca de la mitad de los votos verdes de 2010 se encuentran huérfanos en 2014, lo que explica probablemente la decisión de la formación de fusionarse con los Progresistas.

Le siguen el partido de la U, el PIN y el PDA, con unos 30% de los votos de 2010 que se dirigieron a un candidato que no se vuelve a presentar ahora. La U registra la pérdida de 12 miembros de su bancada, entre los cuales, sus dos mayores votaciones de 2010: Juan Lozano y  Dilian Francisca Toro. Su bancada sufrió la deserción de los que como el primero, se sienten cercanos al ex-presidente Uribe, y de los que como la segunda, tuvieron que renunciar a sus curules tras decisiones judiciales. El PIN, ahora Opción Ciudadana, se verá afectado de nuevo por divisiones entre los distintos grupos regionales que lo conforman, sin hablar de la muerte del senador de mayor votación del partido, Juan Carlos Rizzetto. Finalmente, como ya lo señalábamos, la bancada del Polo fue diezmada por las escisiones del partido, y entre los que fueron electos en 2010, sólo Jorge Robledo y Alexander López buscan la reelección por el partido en 2014.

Cambio Radical perdió a Javier Cáceres, su senador más votado de 2010, por su condena en el marco de la parapolítica, y Fuad Char, aunque en este caso, será reemplazado por su hijo Arturo.

Finalmente, es interesante constatar que los dos partidos tradicionales son los menos afectados por estas defecciones, a pesar de que 5 de los actuales senadores del Partido Liberal no aspiran a repetir. Esto tiene varias explicaciones posibles. En primer lugar, ellos tienden a tener un voto más estable y previsible, particularmente en las zonas rurales, lo que constituye una seguridad y un incentivo para los senadores que aspiran a la reelección para esos partidos. Estos votos suelen ser también mejor repartidos entre los distintos candidatos de la lista que en los partidos nuevos, donde encontramos a menudo unas grandes figuras que actúan como locomotoras para toda la lista. De este modo, los senadores azules y rojos pueden ser electoralmente más autónomos los unos de los otros, lo que vuelve natural las aspiraciones reeleccionistas, y limita los efectos de una defección individual para la lista.

Finalmente, si en 2010, el partido Liberal sufrió la deserción de varios de sus cuadros que se fueron hacia el uribismo (lo que la legislación autorizó de manera excepcional en este momento), el transfuguismo afecta hoy día mucho más a los antiguos partidos de la coalición uribista (hacia el uribismo) que al liberalismo.

A nivel geográfico, los votos huérfanos se reparten de manera muy heterogénea como lo muestra el mapa que mostramos a continuación. Así, el voto de los “grandes ausentes” se concentra en algunas regiones para constituir unas especies de “baldíos electorales”, donde nuevos competidores tienen la posibilidad de conquistar espacio.

Vale la pena observar que estos baldíos electorales corresponden, a grandes rasgos, a las dos costas (con excepción de Córdoba y Sucre), y en menor medida, a zonas rurales de Antioquia, el Quindío, el sur-occidente de Cundinamarca, y el sur del Meta. Una mirada más precisa nos mostraría que los votos huérfanos constituyen también una proporción importante del voto de las grandes ciudades (28,4% en Bogotá, 31% en Cali, 25,7% en Barranquilla y 27,8% en Cartagena).

Así, esos datos desmienten la tesis del “más de lo mismo” con una mirada un poco más fina. Además, permiten hacer algo de prospectiva razonable: El partido conservador es el que tiene menos votos huérfanos, lo que sugiere que puede retener muchos de sus votos de 2010. Sin embargo, difícilmente podrá crecer porque las regiones tradicionalmente azules (la cordillera oriental en particular) tienen muy pocos votos huérfanos. En cambio, el partido liberal tiene campo para progresar en la medida en que los “baldíos” de estas elecciones son muy a menudo regiones con fuerte tradición liberal, particularmente las costas. Además, los votos huérfanos de las grandes ciudades prometen buenas oportunidades para candidatos con imagen de “independientes”, o para el voto blanco, en fin, para estos fenómenos volátiles “de opinión” que desencadenan muy a menudo.

Para ir más lejos, tocaría observar con mayor detenimiento los candidatos de 2014 de los cuales podemos esperar buen desempeño en esos baldíos, pero al final, estas elecciones podrían ser algo menos previsibles de lo que parece.

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